Kamikaze Antígona: dilema y poder

Por 03/09/2017blog

Ayer finalizó Antígona en el Pavón Kamikaze, función que ha abierto la programación 2017-18  y que ha agotado día tras día durante todo el mes de agosto sus localidades.

No era una obra nueva, la versión y dirección de Miguel del Arco estrenada en 2015 se representaba en el Pavón, no podía ser en otro sitio, en ese teatro convertido en espacio artístico, abierto y vivo, que cuatro kamikazes: el propio Miguel del Arco, Israel Elejalde, Aitor Tejada y Jordi Buxó han convertido en un lugar donde lo culto y lo popular se dan la mano, donde confluyen lo clásico y lo moderno en un proyecto artístico y  cultural al que le han puesto alma y corazón, mucho. Son ellos mismos los que reciben al público, antes del inicio de la función, se presentan y dan la bienvenida. Crean un clima familiar y cercano, es la familia Kamikaze que te acoge y te hace partícipe de su sueño y desvelos.

Fui a ver Antígona curiosa de conocer esa versión que ha sido definida como el mejor montaje de Miguel del Arco, expectante por ver a Creonte convertido en mujer. El ambiente creado en la sala envuelve desde la entrada, una misteriosa bola blanca en el escenario y la niebla anticipan la tragedia.

El arranque es potente, Polinices agoniza, danza entre sacudidas con los espíritus de la guerra, el dolor, el miedo y una petición desgarradora de “el don de la muerte” a una frágil Antígona que mantiene durante toda la obra una pureza y valentía de doncella guerrera. La aparición de Carmen Machi en escena como Creonte en el discurso al hacerse con el poder es enérgica, vibrante, poco o nada importa que sea hombre o mujer, la fuerza está en el contenido, en el poder que asume, la altura ética y las consecuencias que conlleva.

El tema central de Antígona es el enfrentamiento entre la ley de la ciudad (el Estado), la de Creonte, y la ley natural o de los dioses, la de Antígona. La grandeza de la obra está en que todos tienen razón, y razones, y su obstinación desemboca en muerte y destrucción. La razón de Creonte es de Estado, reflejada en su discurso inicial que todos aplaudiríamos como el del buen gobernante: “es la Ley, caiga quien caiga”.

El dilema trágico son ocasiones para la deliberación pública. En Antígona somos testigos de un enfrentamiento entre valores importantes, ¿se podría haber evitado?.

Tanto Antígona, en su condición asumida de deber de la ley natural o de los dioses, la que determina dar sepultura a Polinices según la norma consuetudinaria y el respeto debido a los muertos, como Creonte, la ley de la ciudad, el Estado, y el buen gobierno para asegurar la convivencia y el orden, actúan dentro de una esfera de valores restringida, la suya propia, sin atender  a los motivos y justificaciones del otro. Creonte se preocupa de la salud de la ciudad e ignora con ellos las “leyes no escritas” de las obligaciones para con la familia. Antígona no piensa más que en la familia, sin reconocer la obligación de hacer cumplir la ley. Como dice Hemón, Creonte no reconoce que los ciudadanos son también miembros de unas familias y que, por consiguiente, un protector de la ciudad que descuide esos valores difícilmente puede decir que está cumpliendo su labor de proteger la polis. Antígona, no cae en la cuenta de que las familias viven en ciudades y que deben sobrevivir como tales para garantizar la supervivencia de las propias familias.

Ley humana versus ley divina. “La ley es la razón” dice Creonte a lo que el adivino Tiresias le responde: “No hay razón en esa ley”. George Steiner, uno de los mayores estudiosos de Sófocles establece que en Antígona se representan los conflictos de la condición humana, son cinco: el enfrentamiento entre hombres y mujeres; entre la senectud y la juventud; entre la sociedad y el individuo; entre los vivos y los muertos; entre los hombres y Dios (o los dioses). El acierto de Miguel del Arco al convertir a Creonte en mujer es alejar el foco de esos conflictos ampliamente abordados por otros autores (desde Hegel a Hölderlin pasando por Lacan, Goethe o Kierkegaard)  e introducir uno nuevo: los problemas derivados del ejercicio del poder e incluso, yendo un paso más allá, de su relación con la libertad, la religión y la justicia, ¿cómo saber que una ley es justa?, ¿qué determina que es justa?…, 2.500 años después la tragedia de Antígona sigue viva: “nombra una guerra sin el patrocinio de un Dios”.

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