Profilaxis y medicina para la neurosis (e.g., la catalana): Boadella y El sermón del bufón

Por 21/10/2017blog

Decir Boadella es decir sátira, valentía, y libertad. Todo eso se plasma de una manera magistral en la última y, según el propio Albert, también última obra de su carrera como dramaturgo: El sermón de bufón. Un recorrido por la vida y obra de Albert Boadella con Els Joglars de fondo, que estos días finaliza su representación en los Teatros del Canal de Madrid.

La experiencia es relatada y representada por él mismo, algo harto difícil pues no se trata de un monólogo al uso. El artista se desdobla en el niño y el adulto, el impulsivo y el reflexivo, entre la barrabasada daliniana y la sensatez de Josep Plá, entre la audacia y el conservadurismo, el Albert y el Boadella. Un equilibrio arriesgado muy a gusto del Bufón que resuelve magníficamente manteniendo el entusiasmo y conexión con el público. Sin aspavientos ni remilgos, sin ataduras, “el artista no es una figura de consenso debe ser radical”.

Además de un recorrido por su trayectoria, la obra sugiere algo más, es un recorrido por la historia de España, por determinados personajes, por nuestra evolución como país, el ridículo fariseísmo, las hipocresías, y el postureo.

El relato del Bufón se acompaña de imágenes de algunas de sus obras. Una de las primeras que recuerda es Gabinete Libermann, genial el fragmento en el que la terapia para un impotente consistía en un falo de dos metros con el que echaba un pulso a su terapeuta, armado con una herramienta similar, al son de la Oda a la alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven.

Entre otras que recuerda el Bufón también se encuentra Daaalí, creada como venganza póstuma para reivindicar la figura del genio ampurdanés y construida a contracorriente  de la progresía de salón, que al igual que con Josep Plá (al que deberíamos reconocer y leer bastante más sobre todo en estos momentos) falsearon sus trayectorias y tildaron de fascistas. Algo tan perturbado como lo que ocurre hoy con cualquiera que lleve la bandera de España y escuche a Manolo Escobar, ver para creer!.

Venganza también contra los gabachos franceses en Virtuosos de Fontainebleau, obra que se le ocurrió tras una multa en un viaje por Francia, genio y figura!.

No podía faltar una de sus obras más divertida y polémicas: Teledeum. Amenazas de bombas, agresiones a sus actores, sabotajes, protestas de obispos, y hasta referencias en el debate del estado de la nación del año 1984 aderezaron una obra cuya intención era: “parodiar el menosprecio de los ritos al que habían llegado las distintas confesiones”, genial e hilarante el fragmento de “Ketchupcrist”. La Torna, de cuyo estreno se acaban de cumplir 40 años y por la que fue acusado de injurias al ejército y encarcelado. El Bufón cuenta las peripecias con las que logró escapar de la cárcel y huir a Francia, evitando así el juicio militar.

Imprescindible Ubú President, una sátira con Jordi Pujol y su familia como protagonistas, cuyos fragmentos dejan en anécdota la realidad conocida. Su primera versión, Operación Ubú, “cogió por sorpresa a la sociedad catalana, cuya efervescencia nacionalista, no había previsto la posibilidad de ver convertidos en objeto de parodia los tabús sagrados de la tribu”. Expone Boadella como este “Moisés catalán se apropió de los sentimientos populares para hacer política emocional, jugando al antiespañolismo compulsivo y destruyendo todo concepto sólido de estado”.

No-Do Joglars, La increíble historia del Dr. Floid & Mr. Pla, Bye Bye Beethoven, Amadeu, Don Carlom y tantas otras nos ilustran una trayectoria personal y artística en la que el Bufón ha tratado de “descubrir la mera más precisa de hacer penetrar en los espectadores un conjunto de impresiones confusas”.

Tampoco escapan de sus sátiras y sarcasmos la progresía del pensamiento único, la dictadura de lo políticamente correcto, y el uso de los términos contemporáneo, vanguardia y modernidad sobre cualquier “actividad artística” o “caricaturas de la subversión”. La necesidad de un relato para contruir una obra “reaccionaria”: “¿qué sería del Guernica sin el mito fascista?, y la palabra santa del padrino cultural de moda: “lo que diferencia un Pollock de un ejercicio de rotulador es el millón de dólares que un crítico de arte le da, la especulación y el blanqueo”.

En repetidas ocasiones Boadella ha indicado que el arte teatral debería estar entre los contenidos del Ministerio de Sanidad, pues es la mejor profilaxis de las neurosis públicas. Dispuesto a sentar la cabeza pero no a bajarla, defiende el humor como la forma más civilizadora de expresar la tragedia, ya que representa el mejor antídoto contra el fanatismo y la intolerancia, y es el más acérrimo enemigo de todos los fundamentalismos. Si hoy hay una neurosis pública en España (la última) es el golpe de estado que los fanáticos e intolerantes nacionalistas catalanes tratan de consumar. Ante tal estado de enajenación mental colectiva no hay mejor medicina que el humor, la sátira, y la reflexión del Bufón General del Reino que parece advertirnos: no digáis que no os lo avise…

 

 

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