Siglo de Oro siglo de ahora: el humor muy en serio de Ron Lalá

Por 20/08/2017blog

Culminan las representaciones del espectáculo ronlalero Siglo de Oro, siglo de ahora que durante casi un mes ha refrescado las tardes del verano madrileño. (Foto David Ruiz. Ron Lalá)

Volvía Ron Lalá a Madrid y a los Teatros del Canal con una obra con la que han conseguido algunos de los más prestigiosos premios teatrales: Max 2013, Premio del Público Olmedo Clásico 2013, Fiot 2013 y Premio MIT Ridavia 2014, pero sobre todo volvían con “ganas” y con un público ansioso de sentir ese desafío que la obra presenta: una  sacudida a la conciencia que los ronlaleros consiguen como mejor saben: con un trabajado y exquisito texto, la música en directo y la cuidada interpretación. Y no han defraudado, público en pie y ovación cerrada han despedido cada tarde una folía de once piezas barrocas en la que se alternan la loa, la jácara, la mojiganga, el baile y los entremeses a través de los que se revisa nuestro Siglo de Oro y se reconoce nuestro siglo de ahora.

Cada pieza del puzle barroco con su cuidada escenografía, música y texto, enfrenta al espectador a la similitud de la decadencia del siglo de oro y la realidad de nuestro siglo actual. Un recorrido literario, histórico y filosófico para escrutar la condición humana, un viaje a través del que descubrimos que a pesar de los siglos, nuestras virtudes y pecados resisten al paso del tiempo (cuando no empeoran). La sátira ronlalera cumplen con la misión fundamental del teatro: hacer reflexionar y mostrar la certeza de que el hombre con sus deseos y conflictos sigue siendo el mismo en todos las épocas.

Arranca el espectáculo con una mojiganga carnavalesca entremezclada con el público, una potente percusión para recordar a don Carnal, doña Cuaresma y el origen del teatro como fiesta y educación del pueblo. La Loa a Talía se inicia con la aparición del “Licenciado” barroco (entiéndase intelectual refinado y culto que en el siglo de ahora  se representa por un catedrático universitario que posiblemente tenga status de tertuliano, experto de todo asunto por ciencia infusa y conocimiento natural y espontáneo) que nos presenta la folía y sus comediantes sobre los que la musa del teatro ensalza sus “virtudes”: músico, trovadores, poetas… nocturnos, perroflautas, cierrabares, viciosos… y esto es solo el principio: ¡Viva la folla!.

En el Entremés del sastre un Hidalgo aragonés, Talía y Torquemada desfilan por la sastrería de don Dedal y Pompón. El pasar de los siglos y la ilustre evolución del hombre y la creatividad ronlalera  reencarnará a tan ilustres personajes del barroco en el Cid, Lady Gaga y el más admirado Cristiano que ninguna galaxia pudiera imaginar…

Ya no hay verdad, todo es fugaz

Y cuando hay que quitarse el disfraz

No hay nada debajo del antifaz

Original, elaborada y quizá las pieza más filosófica es el Entremés de los autores. Duelo entre Cervantes y Hamlet, y entre Shakespeare y don Quijote, o ¿era al revés?. En esta pieza  además de representar una magnífica visión barroca de la identidad, la libertad y la duda, Ron Lalá confirman su personalidad teatral. Al igual que en ese doble espejo entre autor y personaje, es difícil establecer la diferencia entre actor y personaje: un Hamlet trágico y espectral en el que la duda traspasa la voz y se encarna en el gesto. Un don Quijote único, tan ronlalero, y cada vez más Brujo y más Hidalgo.

En la Jácara sacramental de la partida final, Guerra, Justica, Sexo y Dinero se juegan la partida final del mundo, ¿quién creen que se hace con él?….

Avanza la folía y llegamos al Discurso, potente escena cómica que representa un speech entre un político del siglo de Oro y uno actual. No, no se lo imaginan… es mucho mejor (o peor), las carcajadas y aplausos rompen en esta pieza. No falta la música en directo en toda la obra, rasgo esencial del espectáculo ronlalero,  pero es en Nihil Ostat donde adquiere especial protagonismo al ser el argumento principal de la pieza: voz del pueblo que busca la luz.

Entramos en la parte final de la representación, si creíamos que a estas alturas del siglo  ya no podríamos sorprendernos una vuelta de tuerca le confiere a la obra un nuevo ritmo en todos sus elementos: texto, iluminación, música, escenografía y humor se reinventan para  sellar un perfecto pacto de la ficción en la que la participación del público se incrementa.

Con el Entremés del Siglo de Oro volvemos a Cervantes,  a Los baños de Argel para hacernos reflexionar sobre los males de España, sus prejuicios, desprecios y obsesiones[1]. Magnífico el recurso de las sombras chinescas para mostrar el dramatismo de la furia y caída española. Divertido y muy conseguido el Entremés del mentidero, con una participación muy activa del público en el blablablá del mentidero.

Con el Entemés del Eco, Eco se revela un juego metatreatal para hablar del teatro y la expresión teatral. Un homenaje a las obras cumbres de la literatura europea y a la escenografía de la palabra.

La obra finaliza con Flamenco de Flandes, es el “fin de fiesta” que arranca con un magnifico tercio flamenco  tanto en música como en baile. Grandiosa la escena del libro-bomba, Contrarreforma del Siglo de Oro, reformas del siglo actual…

Termina el espectáculo con los comediantes  “todos a una”, baja el telón y los espectadores salen  con una sonrisa y comentando las mejores frases, la música, las escenas, “el aparte y la parte”, la decadencia del siglo XVII y la vulnerabilidad del siglo XXI, la verdad y la mentira, lo verdadero y lo fingido,  todo tan ficticio y lejano… o tan real y cercano. Ya lo dicen los gamberros ronlaleros: nos tomamos el humor muy en serio, ¡Bravo!.

[1] Nota al pie: entre las palabras de origen árabe sugiero para futuras representaciones que Al Capone y Al Pacino vayan precedidas de Albacete, que una es muy de su pueblo y también tenemos singularidad territorial, ea!

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