Venus: el vértigo del paso del tiempo

Por 04/10/2017blog

Tras su paso por el Kamikaze, Venus emprende gira nacional, no se la pierdan, es un ejercicio de cura emocional, de reconciliación con nosotros mismo y de búsqueda de la felicidad.

“¿Cuántos libros buenos debe de haber en el mundo? ¿Cuántas canciones imprescindibles? No me refiero a canciones conocidas, me refiero a aquellas canciones que te despiertan una emoción. Aquellas que te hacen sentir algo, que cuando las escuchas recuerdas donde estabas el día que las oíste por primera vez. ¿Cómo encontrarlas todas? ¿Cuántas películas hay que me puedan hacer llorar o reír? ¿Cuántos postres buenísimos que no sé ni siquiera que existen? Me refiero a esas cosas. A mí no me da miedo la muerte. A mí me da miedo no vivir lo suficiente para conocer todas esas cosas”…

Esta es la sinopsis que aparece en el programa de Venus, obra de Víctor Conde que finalizó su representación en el teatro kamikaze el pasado jueves 28 de septiembre, y que indudablemente golpea su lectura pero reconforta cuando ves la función. Es una obra del paso del tiempo, de las cosas que no dicen y no se hacen, de los recuerdos y de las decisiones del pasado, propias y de otros, que nos llevaron hasta hoy. De ese mirar hacia atrás en momentos vitales, como la muerte del padre, y en los que irremediablemente tendemos a pensar en las cosas que no sucedieron, o preguntarnos por qué sucedieron así, unas veces con nostalgia y otras con rabia y frialdad, con pesar.

Ese es el arranque de Venus, una situación de soledad y dolor en la que un atormentado Jorge, interpretado por un enérgico Antonio Hortelano liberado ya de su papel de rebelde adolescente tanto en la obra como en su carrera profesional, regresa a la cafetería de sus encuentros juveniles. Allí coincide con otros personajes con los que compartirá conversaciones e irá descubriendo la relación entre ellos, en un juego entre pasado y presente, entre deseo y realidad.

Es una obra de sentimientos y de emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, ira, vergüenza. De ese momento en que te planteas, quizá por primera vez, qué hubiera pasado si las cosas hubieran sucedido de otra manera, si se hubiese vencido la tristeza o la vergüenza…, el miedo. Venus habla también del dolor de la pérdida y el abandono, de la culpa.

Sin embargo, a pesar de su planteamiento melodramático la obra no evoluciona así, gira hacia el perdón y la reconciliación con nosotros mismos en primer lugar para poder hacerlo con los demás. Venus nos descubre a través de Paula, vibrante y enérgica Nuria Herrero, que todo el mundo tiene un motivo, un sueño, cuando comprendes que ese deseo no va en contra de nadie sino que únicamente persigue vivir la vida en plenitud y que tienes derecho a ello, es cuando desaparece la culpa y la tristeza. Una tristeza y soledad que arrastra Alicia, camaleónica Ariana Bruguera en un estupendo ejercicio teatral, hasta el final de la obra y que nos muestra la importancia y el pesar de las cosas no dichas y las segundas oportunidades.

Completan los personajes Carlos Serrano-Clark y Diego Garrido atrapados con Paula en un triángulo amoroso de sentimientos puros, de generosidad y perdón.

Venus es una obra muy personal de Víctor Conde, leía es una entrevista que en cada cosa que hace procura poner algo de él. En relación al tema de la obra, el paso del tiempo, le pesaba no haberse despedido de una persona, finalmente, deseaba que el espectador saliese del teatro con las ganas de hacer una llamada, y así es, porque Venus se encarga de recordarnos que el tiempo nunca vuelve. Vivimos hacia delante pero comprendemos hacia atrás.

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